Este Blog nace desde las arterias de la Cuba profunda, la que desconocen los turistas, la que pretenden obviar algunos gobiernos e instituciones en el mundo. La Cuba silenciada por algunos hombres, pero conocida y apreciada por Dios, y que ha comenzado a susurrar, y del susurro pasará al grito, a la protesta, a la palabra indignada. Nace en el interior de mi isla; y esta isla soy yo, eres tú, somos todos; y se aferra a todos implorando que hagamos algo por ella, con urgencia.

lunes, 19 de febrero de 2018

Una historia de amor inconclusa


Por: Yoaxis Marcheco Suárez.

Acela Sánchez estaba sentada frente a mí en un taburete viejo de puro cuero de vaca, bien cuidado y muy pulcro, tenía los pies cruzados, aunque de vez en cuando los cambiaba de posición: estoy vieja mija -me dijo- me duelen todos los huesos y esta pierna me la he partido varias veces- Luego pasaba una de sus manos con suavidad por la pierna herida y la volvía a colocar sobre su muslo, sus manos se movían intraquilas, se entrelazaban y se soltaban, pero no era un movimiento nervioso, solo el ímpetu de la mujer que en su juventud fue ágil y dispuesta para el trabajo y que la vejez replegaba al taburete. Sus ojos eran achinados y de expresión suave, tenía casi 90 años y venía de la Cuba anterior a los Castro, su familia se había acentado en los alrededores de Rosalía, cerca de Taguayabón, una comunidad rural en el centro de Cuba. Acela guardaba con ella una historia de amor inconclusa.

-Amaste mucho a un hombre en tu juventud. Le dije con mucha suavidad para no despertar abruptamente sentimientos que tal vez ya estaban apaciguados.

-Mi juventud… -dijo bajito y sus ojos achinados se fueron lejos, a otro tiempo-  Sí, estuve noviando con un muchacho que se llamaba Aló Casas cerca de diez años, fue el primer amor de mi vida, eso fue en los cincuentipicos. Los años cincuenta son inolvidables para mí, la vida en Cuba era diferente a como es ahora, una estaba en el campo muy tranquila, sin tanto traqueteo y no pasábamos trabajo para conseguir las cosas, había de todo en los negocios, no éramos ricos en mi familia, pero nunca nos faltó nada. Los días se me iban  en ayudar en los quehaceres de la casa y en esperar la llegada de Aló todas las tardes.

Ramón Aló Casas, el prometido de Acela, era un hombre bien parecido, un caballero natural con la educación formal exquisita que caracterizaba a los campesinos cubanos de aquellos tiempos, limpio y elegante, todo el mundo en los alrededores de Rosalía y Taguayabón conocía a la familia de la que provenía, eran gente de campo, honesta y trabajadora.

-¿Y por qué tantos años noviando Acela?

 -Así era entonces, si no te ibas con el novio fugada por una ventana porque tus padres no lo querían o porque ya habías metido la pata… tú sabes, entonces noviabas por mucho tiempo. La mayoría de las veces los novios andaban con otras mujeres, pero mi Aló era un hombre bueno a pesar de que era muy apuesto. Se iba a casar conmigo con todas las de la ley y como Dios dice que tiene que ser.

Volvió a enlazar las manos y a soltarlas y sus ojos ya no me veían.

-Me gustaba verlo con su guayabera blanca, los hombres antes se vestían como hombres, ahora andan llenos de aretes y hasta se arreglan las cejas como las mujeres,  antes salían bien planchaditos, el filo de los pantalones tenía que ser perfecto, los zapatos impecables y el pelo engomado y estirado. Aló era un joven elegante y presumido.

-Pero después de tanta espera no pudieron llevar a efecto la boda- Nuevamente le hablé con mucha suavidad. Se movió despacito en el taburete como para acomodarse y hablar con más soltura, seguía hundida en otro tiempo.

-Así mismo fue. Me lo mataron de un tiro. Cuando me dieron la noticia me quedé fulminada, imagínate todas las ilusiones que yo tenía, pero sí, lo habían matado de un tiro y ya nada se podía hacer. Todos sufrimos su muerte, sus padres, los hermanos y yo.

-¿Y quién lo mató Acela? Mi pregunta fue perturbadora, la hice regresar a la realidad como de un golpe.

-No sé mija, yo no sé bien quien lo mató, hay rumores, pero yo nada te puedo asegurar. Casi todo el mundo dice que fue el tal Jesús Ramos, ese que vive aquí en Taguayabón y que ahora trabaja como chivato. En el juicio dijeron que había sido un error, que habían confundido a Aló con uno de aquellos que se alzaron contra Fidel. Aló que no se metía en nada, él era un muchacho tranquilo.

Los rumores a los que se refirió Acela se han pasado de boca en boca desde aquellos tiempos hasta la actualidad entre los pobladores, la sospecha cae sobre un informante de la Seguridad del Estado nombrado Jesús Ramos Peña, residente del poblado de Taguayabón; según lo que se comenta fue un crimen pasional y de venganza. Se dice que el asesinato se ejecutó durante la noche cuando Aló regresaba a su casa, el informante al frente de otros dos guardias revolucionarios lo vio venir y escondido ordenó abrir fuego contra él, solo una bala fue certera y se presume haya sido la de Jesús Ramos que estaba bien colocado y era un experto tirador. El caso del asesinato de Casas constituyó “la Causa No. 12 DE 1962, por homicidio por el entonces Jurado de Instrucción de Placetas, municipio de Villa Clara” (tomado de Dios desprecia la mentira, http://cubanoconfesante.com). El crimen se escudó en la euforia revolucionaria del momento, el alegato de defensa fue que se había confundido a Aló Casas con un “bandido contrarrevolucionario” calificativo que se le dio a los que se alzaron y fueron a luchar contra Fidel en las lomas. Una pequeña cruz colocada por sus familiares marca el sitio de su muerte.

-Y cuándo pasas por el lugar donde lo mataron y ves la cruz, ¿lo recuerdas?

-Nunca lo he olvidado, me costó mucho trabajo volver a enamorarme, se me fue toda la juventud queriendo a Aló.  Imagínate que me casé a los cincuenta años con el único esposo que realmente tuve y claro fui muy feliz con él y con su familia. Aló fue el amor que no me dejaron continuar, tal vez hubiéramos tenido hijos, quién sabe.


Acela murió hace algunos meses atrás, se llevó con ella todos los recuerdos que albergaba del primer amor de su vida, un hombre que murió asesinado en plena juventud sin poder crear una familia y que según algunos que lo conocieron estaba muy enamorado de su novia. El crimen quedó impune, como muchos otros cometidos en los inicios y durante el fidelismo en Cuba,  pero la pequeña cruz sigue visible en el camino que va desde Taguayabón hasta Rosalía, como un recordatorio, “imagino que su asesino no pueda dormir en paz, y que solo los somníferos lo ayuden a conciliar el sueño o la pesadilla cada noche”, esas fueron las últimas palabras de Acela en aquel conversatorio que sostuve con ella.

Nota: Las fotos fueron tomadas del Blog http://cubanoconfesante.com de la autoría del pastor bautista Mario Félix Lleonart Barroso.

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuba, el sitio que menos prefieren los cubanos


Por: Yoaxis Marcheco Suárez

¿Y por qué no luchar, por qué mejor no dejar la vida en la tierra propia tratando de reconquistarla? La respuesta es difícil de argumentar, de todos modos la escapada es una señal contundente de que los Cubanos huyen de Castro, no lo quieren,


Desde el año 1959 en que la tragedia comunista arribó a Cuba a través del engaño y la traición de un hombre y su grupito de seguidores, muchos cubanos han decidido emigrar, escapar de una situación que desde su comienzo ha ido empeorando. La Cuba que Fidel Castro tomó en el año 59, la tacita de oro del Caribe, se convirtió en las manos del dictador en un país en declive permanente. Cuba es una tierra sin progreso. Los cubanos huyen a cualquier parte del planeta, por cualquier vía posible, dispuestos a emprender, a sacudirse la miseria en la que sucumben. Por la cercanía, solo 90 millas al norte de sus costas, la emigración históricamente se desembocó en mayoría hacia Miami. De ahí que el mayor número de víctimas del Castro comunismo yace en el fondo del estrecho de la Florida, los cientos de miles que deslumbrados por las luces de la libertad quedaron sepultados en esas cortas noventas millas, prefiriendo la muerte a la revolución socialista.

Tan temprano como el 2 de noviembre de 1966 y reconociendo la existencia de una férrea dictadura en su vecina Cuba, Estados Unidos promulgó La Ley de Ajuste Cubano (Cuban Adjustment Act o CAA, Ley Pública 89-732, Ley federal aprobada por el Congreso de los Estados Unidos y firmada por el presidente Lyndon Johnson), “que aplica a cualquier nativo o ciudadano de Cuba que haya sido inspeccionado y admitido o liberado en los Estados Unidos después del 1 de enero de 1959; haya estado físicamente presente en ese país durante al menos un año; o sea admisible como residente permanente de los Estados Unidos”. (nota tomada de Enciclopedia Wikipedia). La ley en sus inicios se aplicaba tal y como expresa, cualquier persona que de forma ilegal saliera de Cuba y llegara a tierras norteamericanas, aquí se incluía aguas continentales, podia obtener la tarjeta de residencia permanente un año después.

El tráfico y arribo de cubanos a los Estados Unidos ha sido imparable desde entonces, varias crisis pusieron en alerta a las autoridades del norteño país, muy notables la del Puerto del Mariel en 1980, cuando al menos unos 125 mil cubanos llegaron a Estados Unidos, entre ellos un considerable número de delincuentes y enfermos mentales que el dictador Castro incluyó en la marejada, vaciando cárceles y hospitales psiquiátricos para librarse de la ‘lacra social’, llegaron mezclados buenos y malos, ‘la escoria’, así los llamó el dictador. Los que emigraron en esta oleada fueron despedidos por sus coterráneos con actos de repudio, las puertas para el retorno fueron cerradas entre bombardeos de huevos y consignas comunistas, solo tiempo después cuando el campo socialista sucumbió y la deficiente economía cubana no pudo depender más de la ayuda soviética, las puertas volvieron a abrirse y de esta manera se liberaba la entrada a la moneda dura enemiga hasta ese momento penalizada en la Isla.

La conocida como Crisis de los balseros en 1994, fue otro de los éxodos significativos, el ‘Período Especial’ que enfrentaba el pueblo y que no era más que el hundimiento total de la economía sin el soporte soviético, llevó a los cubanos a la estampida una vez más; en embarcaciones deplorables salían desde las costas cubanas familias enteras con menores incluidos, sin considerar las condiciones climáticas, ni lo difícil de la travesía. Muchos no llegaron, creo que el número en realidad es incontable. La dictadura culpó a la Ley de Ajuste, según sus argumentos esta propiciaba y estimulaba la salida de los cubanos. Las dimensiones de la crisis llevó al gobierno de Bill Clinton  a sostener conversaciones con Castro en el año 1995 de las que resultaría  una importante modificación, se dejarían de admitir a personas interceptadas en aguas de los Estados Unidos, surgiendo así la política: Pies secos, Pies mojados. Todo cubano que fuera interceptado sería devuelto a la Isla o llevado a un tercer país y los que lograran tocar suelo americano, podrían permanecer en los Estados Unidos y al año y un día aplicar para la residencia permanente legal.

Pero nada detuvo el flujo de cubanos, ya fuera atravesando el estrecho de la Florida, usando terceros países, como México o el peligroso paso por centroamérica, fuera que tomaran un largo vuelo rumbo a Rusia para luego encaminarse por la Siberia, o usando el pasaporte español, con el que salían de Cuba como ciudadanos españoles y llegaban a USA declarando ser simples ciudadanos cubanos con el fin de ampararse bajo la Ley. Paralelo a esto el sinnúmero de los que salían de la Isla de forma legal, con visas temporales que usaban como trampolín para llegar y quedarse, o a través de programas como los sorteos de visas especiales para los cubanos, el de reunificación familiar, el Programa para Refugiados Políticos por el que más de uno salió a la calle a protestar contra el sistema solo para anotarse puntos y acumular evidencias y poder ser aceptados para emigrar a los Estados Unidos.  En fin de cuentas la lucha para salir, deslumbrados por la libertad y el progreso del país del norte, el destino preferido de los isleños agobiados por la profunda oscuridad del Castrismo.

La Puerta siempre abierta que recibía a cuanto cubano arribaba a la Florida, ha sido ‘entrecerrada’, solo una hendija de luz ilumina las noventa millas de agua que separan ambas costas. Aunque permanece vigente la Ley de Ajuste Cubano, las condiciones para llegar a los Estados Unidos se han complicado drásticamente, el 12 de enero de 2017, el presidente Barack Obama anunció de manera imprevista el cese inmediato de la política de ‘Pies secos, Pies mojados’, indicando que los inmigrantes cubanos serían tratados igual que los de otras nacionalidades. ​ La medida se tomó en un acuerdo entre ambos países firmado también en La Habana  ese mismo día. Raúl Castro  calificó la decisión como: un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales; tras el inicio de estas en 2014, cuando el expresidente norteamericano las encaminó a través de conversaciones secretas con el actual dictador cubano. El término de la política se había vuelto previsible y condujo a que el número de inmigrantes aumentara en el último año de mandato de Obama. El tránsito por centroamérica se acrecentó, las condiciones de la escapada se tornaron aun más difíciles por la participación de elementos de muy baja calaña, como los llamados ‘coyotes’, traficantes de personas, sin aprecio por la vida humana, en las selvas colombianas quedaron algunos cadáveres cubanos.

El flujo se paralizó por el aumento del número de emigrantes, provocando otra crisis que aun no termina, los cubanos quedaron varados en Laredo México, en Costa Rica, Panamá y en casi toda Latinoamérica, la decisión de Obama fue un letal balde de agua fría para quienes luchaban por llegar a tierras norteamericanas, muchos han sido deportados para Cuba, otros permanecen en la búsqueda de refugio, las condiciones en las que viven algunos rayan en lo inhumano, maltratados por los gobiernos de los países donde permanecen, temerosos de ser devueltos al infierno del que salieron y donde nada les quedó porque se deshicieron de sus propiedades y pertenencias para obtener el dinero necesario para salir. Todo un drama.

La Ley de Ajuste Cubano aún está vigente, para acogerse a ella, los ciudadanos de la Isla deberán llegar a suelo norteamericano con una visa temporal, una vez dentro el requisito es permanecer durante el tiempo especificado, esto claro como ilegales y sin permiso de trabajo, hasta que puedan aplicar para la residencia. Debido al incidente ocurrido con diplomáticos norteamericanos en La Habana, en que por causas extrañas la salud auditiva de estos se afectó, el Presidente Donald Trump eliminó de manera temporal e indefinida la entrega de visas en la Embajada de USA en La Habana y retiró casi todo su cuerpo diplomático, los cubanos tendrán que viajar a Colombia para solicitar visas, curioso, ni lo costoso de la gestión ha detenido a los que sueñan con el brinco hacia la libertad.


USA se está cerrando para los Cubanos, pero queda mucho espacio en el resto del mundo y allá adentro en la Isla comunista, sus habitantes continúan estudiando los posibles terrenos a donde escapar, no importa lo que cueste, ni la lejanía, el brillo de libertad puede salir de cualquier lado. ¿Y por qué no luchar, por qué mejor no dejar la vida en la tierra propia tratando de reconquistarla? La respuesta es difícil de argumentar, de todos modos la escapada es una señal contundente de que los cubanos huyen de Castro, no lo quieren, prefieren otros horizontes que la desgracia de país donde un rey enano y su séquito se mueven a sus anchas. La inmigración ilegal ha sido como un campo de batalla contra la dictadura, perecer o llegar a la libertad sigue siendo preferible que quedarse. De esa forma durante 60 años una porción considerable de pueblo le ha dicho a gritos al mundo que no quiere a Castro, que escapa de él para ser libre.

lunes, 12 de febrero de 2018

Converso con Luis Felipe Rojas, escritor y periodista cubano.


Por Yoaxis Marcheco Suárez

“He entrevistado a centenares de personas, escrito miles de notas periodísticas y te juro que cada mañana hay un reto distinto: escribir más limpio y mejor, dejar al escritor y poner al periodista para que la voz de las víctimas y los victimarios salga más clara y se entiendan mejor las historias y los conflictos.”



Converso con un hombre inquieto que sabe tratar con las palabras, incluso con las más salvajes, él las acaricia, las ronda hasta que las deja rendidas, las doma, como se doma a los potros jóvenes. No le tiene miedo a los sentimientos, ni a sus personajes, lucha contra ellos y por ellos, en esa batalla donde termina ganando la literatura. Luis Felipe Rojas es un hombre que escribe, un inventor de historias que pueden asemejarse a la realidad y a los recuerdos; pero también es un periodista que indaga en los acontecimientos, en las vidas de la gente real, que busca ser certero en la información y que tiene como meta importante en su vida dar voz a los que dentro de Cuba, su Isla natal, han sido silenciados y llevarles los sonidos de la libertad que no conocen, todo esto a través de las palabras.


Luis Felipe Rojas se considera así mismo un hombre lleno de certezas, sus metas están bien definidas, su ritmo es disciplinado, aun cuando su carácter sanguíneo y jovial y ese: “estar enamorado para siempre de la vida y de las cosas bellas”, le den un intenso toque bohemio a su apariencia. Es un cariñoso padre y esposo, con la suerte de compartir profesión con la “buena de Exilda” y aunque su rutina diaria es estricta, siempre tiene tiempo para los amigos. Vive el exilio sin remordimientos, ni nostalgias, exprime cada tajada de vida, sin amarres a conceptos, sin importarle el qué dirán, para él patria es cada pedazo de tierra libre que tocan sus pies, no volverá a Cuba mientras no haya libertad, es una de sus certezas, como está seguro que no habrá un día en que sus dedos dejen de tocar las teclas de su computador para dar riendas sueltas a las palabras que lo llenan hasta rebosar. Ha sido para mí un lujo conversar con este hombre, escritor, periodista, padre, esposo, amigo, cubano, ‘domeñador’ de palabras.

YM- ¿Cómo fue tu niñez en tu San Germán natal? ¿Eras tranquilo, o tu carácter sanguíneo ya se destacaba entonces?

LF- Me crié en un llamado batey azucarero, rodeado de amigos y primos que me enseñaron las bellezas de la naturaleza, cruzar los arroyos y cazar bichos en el monte para comer. No hay niños que no sean traviesos, pero fui de un carácter afable siempre.
Lo que sí ocurrió rápido fue que descubrí el amor por la lectura. En algún sitio ya he escrito que mi madre, una lectora voraz, leía en voz alta para los haitianos que vivían o habían vivido de cortar caña de azúcar en las plantaciones. De aquella voz de mi madre que se propagaba por los potreros nació el lector o el escritor que vino luego en mí.

YM- ¿Cuándo comenzaste a buscar las palabras en los libros? ¿Qué textos preferiste en tu primera juventud? Cuáles prefieres ahora?

LF- Yo creo que fue en la más temprana adolescencia: había dos LF, uno que se iba a mataperrear hasta entrada la tarde, metiéndose en las pocetas de agua, cruzando los cercados de los vecinos para comerse los mangos y las guayabas sin madurar aún, y el otro, el que se fue amansando cuando fue descubriendo las historias escritas por los clásicos.
Descubrí rápido a Salgari y Julio Verne, leí antes de tiempo a los Dumas y como vivía en el campo donde en todas las casas se escuchaban radionovelas, pude oír a grandes de la literatura pasados por el invento de la radio.
Mis gustos literarios maduraron, se deformaron y sufrieron mi propia censura. Leí para saber, luego cuando el vicio aumentó, leí para entretenerme, luego para aprender y ahora escasamente leo para saber como otros autores moldean a sus demonios. Nunca leo un libro que no me atrape en las primeras páginas, ya es un acuerdo tácito, y no falla. Jamás comienzo por el principio de un libro.
He descubierto a tres mexicanos: Antonio Ortuño, Julián Herbert y Yuri Herrera.
Me gusta lo que escriben y como escriben las mujeres, son voces diferentes. Sí creo que hay una literatura hecha por mujeres que es distinta, más concreta a veces, y siempre menos pretenciosa.

YM- ¿En qué etapa de la vida nace el escritor? ¿Recuerdas tu primera inspiración? Lograste llevarla a la imprenta? ¿Cómo la percibes hoy?

LF- Entre los primeros versos de la adolescencia y el primer libro publicado en 2001 pasaron casi 10 años. Los primeros textos fueron para enamorar a las chiquillas alrededor mío, para presumir, y no te niego, funcionó…. y mucho. Yo era el escritor de mi aula en la secundaria y el bachillerato y eso crea un halo misterioso: era el que se liaba a gaznatones con cualquiera y a la vez podía “escribir los versos más tristes” esa noche, jajajaja. Me pasé la adolescencia copiando a Darío, Vallejo y Neruda (nunca a Buesa), a Martí y Whitman, no me da pena, los copiaba y salían traducidos por un alma adolescente. Mis profesores lo sabían, pero hasta me celebraban y fueron muy pacientes, esperando que saliera mi verdadera voz interior. Espero que aquellas muchachas me hayan perdonado, jajajajaja.

YM- Qué temas te perturbaban cuándo eras un joven universitario, cómo los enfrentaste?

LF- Fui un estudiante inquieto, cuando llegué al primer año de la carrera de Letras ya me había leído a la mayoría de los clásicos obligatorios que imponían los planes de estudio y alguna luz me bendijo: en vez de ponerme a fanfarronear por ello, aproveché a la mejor profesora que tuve entonces, Serafina Prego (Fini) y lo que hice fue reordenar mis lecturas, releer mientras ella me iba descubriendo qué había de verdad dentro de aquellas piezas universales y desde entonces no he parado de leer mucho, y bueno. A ella le debo leer con pasión, sentir que la historia está en el libro, pero eres tú el que tiene que revivirla.

YM- La residencia estudiantil F y 3ra del Vedado, donde estuviste becado durante tus años de estudiante en la Universidad de La Habana es una marca en tu memoria. ¿La reflejas en tu obra? ¿De qué manera?

LF- En F y 3ra, en el Vedado habanero estuve poco, y más que leer, lo que hice fue vivir. Mi pareja de entonces era Yusmila Reina (que hoy es opositora al régimen) y aprovechábamos a ir al cine, podía pasarme horas en la biblioteca nacional buscando cosas perdidas en los archivos, me prestaban mucho cine en Casa de las Américas. Viví, me destrocé la piel equivocándome y salí mejor. Siempre salgo una mejor persona cada vez que me pasan cosas malas.
Allí me golpeó el suicidio de mi amiga Eloína (creo que diciembre de 1996, ya hemos conversado de esto), allí me dijeron ‘Palestino’ y me miraron con burla por mi acento de las provincias orientales. Me negaron seguir en la Facultad por una perreta de una profesora de Literatura contemporánea, llegaron hasta esgrimir mi “baja capacidad intelectual” y al año siguiente como un gran desconocido gané el premio de poesía de la revista Revolución y Cultura (1998) que por entonces estaba menos viciado que el de La Gaceta de Cuba. Pero nada de lo malo que me pasó me desenamoró de La Habana, La Habana se abrió a mí como una mujer que no resiste y se entrega al hombre que la ama de verdad. Todo eso está en lo que escribo, sin nostalgia, yo soy un exiliado de manera radical y no me puedo permitir el lujo de la nostalgia.

YM- Pudiste haber llevado una vida sin compromisos con la realidad cubana, eras un prolífero escritor, habías publicado varios de tus poemarios, te desempeñabas en los medios oficiales dentro de la Isla. ¿Cómo y por qué a pesar de tus éxitos asumiste la profesión más difícil y reprimida en la Cuba de Castro, la de periodista independiente?

LF- Fue un mazazo en la cabeza. leí los testimonios de los presos políticos en un par de libros, a escondidas, un amigo me prestaba libros como la biografía de Hubert Matos y videos sobre la resistencia al comunismo en Europa del este. Reinaldo Arenas, Cabrera Infante y el mismo estercolero que se vive en el ámbito cultural oficial en Cuba, me llevaron a disentir. Empecé con mis amigos Michael Hernández Miranda, me llevó a escribir para Encuentro en la Red bajo el seudónimo de Jairo Ríos, por varios años. Luego escribí con mi nombre en Diario de Cuba a la par que hacía activismo.
En Cuba no puedes ser periodista independiente a secas. Eres eso y activista de derechos humanos, a menos que te pongas a reseñar una obra del Teatro Nacional, la cartelera de la Feria del Libro o a pasarle la mano a los problemas. Pero si te pones a investigar muertes en prisión, la corrupción administrativa, listados de presos comunes torturados en las cárceles del oriente del país, entonces te cae encima la maquinaria de la represión y de algún modo te hacen un opositor frontal.

YM. ¿Cuándo comienza a ser contestataria tu poesía? ¿Cuál es tu cuaderno más subversivo?

LF. Yo creo que Para dar de comer al perro de pelea (Neo Club, 2003), ahí estaba toda la rabia que sentía, todo el amor por Cuba y por mi gente. Pero yo logré colar algunos textos en algunos de los libros anteriores, y sobre todo, mis poemarios no pasaban de trescientos ejemplares en provincia, con escasa promoción nacional, y eso es una manera de la censura. Aún hay una escritora en Holguín que fue directora del centro del Libro, que me llevó a su casa para pedirme, exigirme, que quitara de un libro un poema que la Seguridad consideraba subversivo. Puede haber gente más pusilánime, pero esa tiene dos apellidos.

YM- ¿En qué momento nace tu blog? ¿Por qué Cruzar las alambradas?

LF- El blog nace en 2009, a los tres días de Orlando Zapata haber comenzado la huelga, en diciembre. Y desde entonces no paré. El blog me permitía escribir sin pausa y sin afeites. Escribía entrevistas y artículos periodísticos para Diario de Cuba y todo lo otro para mi blog. Yo creo que fue una manera de tensarme la cuerda yo mismo, de ver hasta dónde podía ser efectivo de manera autónoma, y lo fui. El blog rebotó en las redes y era uno de los más leídos luego de los de Yoani, Claudia Cadelo y Orlando Luis, era un grupo numeroso, pero yo era el único que escribía desde el monte cubano y tenía para mí las cinco provincias orientales, estaba a gusto escribiendo sobre temas que a otros solo les era permitido si viajaban treinta horas en tren.

YM- En varias ocasiones fuiste detenido, sometido a interrogatorios, dormiste en calabozos, tu casa fue rodeada por agentes del régimen. ¿Qué pensamiento te mantuvo firme en tus ideas?

LF- Yo siempre llevaba conmigo, en mi cabeza, que los presos políticos vivieron un calvario en Cuba, mientras lo mío se trataba de una detención de horas, días, acaso semanas. Y por otro lado tuve rápido una revelación que no me dejó tener miedo: a veces usaban decenas de policías, oficiales de Seguridad del Estado, delatores voluntarios para acosar a un tipo que solamente escribía, organizaba actos de protesta o pintaba carteles en las paredes, y eso los hacía temerosos y pequeños. En las celdas yo acostumbraba a desnudarme, no en calzoncillos, desnudo. Y a gritar todo lo que podía contra el régimen, Fidel y Raúl y ponerlos furiosos. A veces venían y me daban de patadas y piñazos, a veces me dejaban tranquilo hasta quedarme ronco, y yo sabía que había un pacto, les habían ordenado no golpearme más esa noche.

YM- ¿Qué pasaba con tus hijos y tu esposa mientras estabas involuntariamente ausente? Cómo te afectó el sufrimiento de tu familia?

LF- Quisiera saltar esta pregunta de manera olímpica, no volver sobre esa herida a mis hijos Malcom y Brenda y la buena de Exilda. Eso me trajo al exilio, aquí estoy porque ellos no siguieran en el calvario de verme esposado con las manos a la espalda, la casa embadurnada de mierda o de chapapote o pintura. Ese horror me trajo, como a miles, a estas tierras.

YM- ¿Cómo logró el novelista y poeta desarrollarse en medio del ambiente tan adverso que el periodista atrajo sobre sí? ¿Los malos momentos acariciaron a la imaginación o la golpearon?

LF- Hay alguien que me ayudó mucho, creo que fue un disidente soviético, con su teoría del “Como si…”. Entonces yo escribía y leía como si ya viviéramos en libertad en Cuba, aunque tuviera la casa rodeada de agentes policiales. Ahí, en esa certeza, está todo. Y así he seguido viviendo.

YM- ¿Qué sientes por tus represores, qué alberga tu corazón?

LF- Nada, ni lástima. A mí no me hicieron un décimo de lo que a otros. Lo único que no voy a permitirme es la impunidad, tengo sus nombres y un día serán acusados, si ese día llega. Pero yo me mantengo alejado de lastres como el rencor y el odio, que no son la desmemoria. Pero son seres tan bajos, que rara vez, como esta, retomo el asunto.

YM- ¿De aquellos años de persecución qué es lo que más recuerdas?

LF- Te vas a asombrar, pero en medio de la persecución más feroz (llegan hasta expulsar de su centro de estudios o trabajo a alguien porque se relaciona contigo) siempre había una puerta abierta – y la hay-, siempre hay una mano extendida para alcanzarte algo. En Cuba, cuando eres opositor abierto, de los que dicen abajo la dictadura en cualquier esquina, hay mucho temor hacia ti, pero siempre hay gente amable y bondadosa. En Holguín y San Germán tenía casas donde esconder libros, memorias flash, una computadora. Podía viajar en el carro de alguien muy conocido porque me había recogido a la salida de la ciudad o en los años de la escasa conexión internet, siempre conté con quienes enviaban mis textos al exterior desde sus empresas estatales, universidades u hospitales militares, y ya, no puedo seguir dando pistas.

YM- En el año 2013 la editorial NeoClub Press publicó tu libro de poesía Para dar de comer al perro de pelea, esto después de ser censurado en Cuba por siete años. Qué significó para ti la publicación de este poemario? Cómo valoras la labor de Neoclub Press?

LF- Idabel y Añel son la gente más bondadosa y afable que puedas encontrar, son geniales, pero Miami es eso, llena de gente que siente que quiere ayudar al que llega. Para mí fue respirar, algunos de los textos de ahí tenían más de 10 años, pero no iban a ser publicados en Cuba, así fueran poemas de amor, a solo un mes de estar aquí me contactaron, me dieron cabida en sus proyectos de publicación, me pagaron colaboraciones por algunos artículos para algo que tenían entonces, y de manera desinteresada, me publicaron el libro, me hicieron una presentación espectacular… qué más decir? Así son los buenos amigos, yo acababa de llegar y estaba verde aún.

YM- El Exilio te ha abierto muchas oportunidades, una de las más significativas seguramente es la de poder desarrollar tu carrera periodística. ¿Qué es Radio Martí para Luis Felipe Rojas?

LF- Yo hice la más feliz de las transiciones que puedes hacer viniendo de una dictadura como la cubana: de oyente clandestino de Radio Martí cuando era un niño, pasé a ser colaborador y entrevistado de varios programas hasta llegar aquí, sin empleo, pujando por salir adelante y que a la semana alguien me preguntara así, como un bombazo, ¿quieres trabajar en Radio Martí? desde entonces estoy ahí, dándole voz a los que quedaron atrás, como otros me la dieron a mí, espero no defraudarlos. Aunque mi pasión son las artes y la literatura y acostumbro a escribir y hacer programas radiales sobre libros, autores, obras de teatro o eventos culturales, mi tema-compromiso son los derechos humanos y sobre eso escribo diariamente hace cinco años. He entrevistado a centenares de personas, escrito miles de notas periodísticas y te juro que cada mañana hay un reto distinto: escribir más limpio y mejor, dejar al escritor y poner al periodista para que la voz de las víctimas y los victimarios salga más clara y se entiendan mejor las historias y los conflictos.
Soy el realizador del programa Contacto Cuba, y cada vez que hago una pregunta, comparto un chiste o lloro con alguien a través del teléfono, sé que me están escuchando en Baracoa, San Germán o Ranchuelo. Tengo el honor de entrar de manera clandestina a los hogares cubanos y eso me hace tratar de hacerlo mejor todas las mañanas.

YM- En la actualidad, ¿cómo es la vida del escritor y del periodista? Eres tan fértil. ¿Cómo distribuyes tu tiempo?

LF- Mi madre y mis amigos dicen que parezco un loquito, mi mujer lo sabe y me ayuda, pero soy la persona más centrada que pueda existir: soy corredor de maratones, mi preparación física, aunque no sea la de un ‘runner’ profesional es bastante alta y eso me ayuda a escribir o leer por varias horas sin parar. Soy disciplinado con mi tiempo: una hora de carrera en la calle en la madrugada, ayudar a preparar a mis hijos para dejarlos en la escuela, ocho horas de trabajo, llevar a mi hijo a las prácticas de béisbol, leer, ver cine o escuchar música, escribir, leer, hacer el amor (esta es una actividad que la gente desestima, pero hay que dedicarle detalles como si estuvieras armando un reloj suizo, no hay improvisación) y descansar.
Me alcanza y me sobra el tiempo para cocinar y deleitar a mis amigos, salgo a bailar y Exilda y yo podemos estar frente a una orquesta o música grabada hasta las tres de la mañana, vamos a eventos y apoyamos causas sociales y por encima de eso, llevamos una dulce y férrea educación y entrenamiento de vida con nuestros dos niños. Y además vivimos la vida de Miami, honramos a los exiliados de primera generación que pusieron pie en tierra para crear esta ciudad, conversamos con expresos políticos y víctimas del comunismo, los acompañamos, somos casi familia de muchos de ellos, y eso es un privilegio que no te puedes dar el lujo de perder.

YM- ¿Cómo reluce la insularidad en tu obra?

LF- No creo en eso, escribo y ya. Estoy poseído cuando escribo y no atiendo esos conceptos paraliterarios, honestamente.

YM- ¿Quién es más fuerte, el hombre o el escritor?

LF- No hay separación, este escritor deforme y con muchos defectos es resultado de una vida a la carrera, a tientas y a locas. Mis temores, mis frustraciones y mi arrojo son lo que escribo. Estamos llenos de miserias humanas, debilidades, pero también de sentimientos y gestos hermosos, todo eso me hace la persona especial que soy, cada uno lo es, no hay dudas. Todo eso me hace más fuerte. Hace rato dejé de pensar que soy un escritor, yo soy un hombre que escribe y eso está desligado totalmente de cualquier gesto cultural, de promoción o aspiración editorial. Yo escribo para ir amasando una montaña.

YM- ¿Qué sientes cuando corres?

LF- Me libero, me transformo. Estudio constantemente los procesos fisiológicos, las técnicas más antiguas y modernas de correr, para no lesionarme, porque hay tres seres que dependen de mí en casa, pero corro hasta llegar al límite de mis fuerzas y entonces compruebo que somos grandes y no somos nada. Cuando estoy allá arriba, en la cima de los 21 kilómetros del medio maratón es como si estuviera frente al público en la Scala de Milán… o una pradera en Kenya o Adis Abbeba, ese placer solo lo pueden sentir quienes tensamos el cuerpo hasta partirlo en dos casi. Es una forma de belleza extraña y yo vivo enamorado de la belleza, no obsesionado con ella.

YM- Ya sé que constantemente las palabras te asechan, te invaden, se agolpan por montones en tu mente y en tu corazón, no eres un ser humano común, albergas muchas complejidades que se hacen visibles en lo que escribes. Cómo el escritor se transforma en domador de las palabras?

LF- Domeñarlas, ese es mi fin único. Estoy enamorado de las palabras borceguíes, anafre, cazuela y barracón. Hablo Francés y lo leo bastante bien y en los dos idiomas hay palabras que me suenan como la melodía que sale de una flauta o un saxofón. En Francés la palabra que más me gusta es ‘boulangerie’, porque es tan linda como una panadería y huele a ‘baguette’ y no a pan. Ese es el misterio de las palabras. Yo creo en la geografía de las palabras, a veces un vocablo me da vueltas en la cabeza y empiezo por paladearlo, por usarlo y saborearlo despacio como un dulce, lo voy metiendo en las oraciones, en los párrafos, en las conversaciones, lo envío en mensajes de texto para ver qué efecto produce y me voy apropiando de él hasta hacerlo mío totalmente.
¿Soy complejo? ¿De verdad? Si yo soy un pan, muchacha, jajajaja.

YM- ¿Hay planes editoriales próximos? ¿Podrías darnos un avance?

LF- Anuncios, solo eso. Un libro en manos de un editor, pero no me gusta hablar de ello hasta que tengo ya la primera prueba para corrección en la mano, lo siento.

YM- Finalmente. ¿Volverías a la Cuba de Castro?

LF- Imagino que estás refiriéndote al país subyugado por la infame familia de verdeolivo. Cuba nunca será ni de los Castro ni de nadie. En 60 años de dictadura mucha gente siguió siendo rebelde, escribiendo lo que no le pedían, gritando a la cara de los torturadores, bailando, sacando la lengua a los discursos, tirándoles pedos y trompetillas y haciendo el amor y creyéndose libres. Somos los menos, pero una cantidad nada despreciable como para decirle al mundo que queremos ser libres, al mundo y a los sátrapas y pusilánimes que intentan robarnos los sueños.
Hasta que no vea reales condiciones de libertad no regreso, si me quedan ganas “el mundo es ancho y ajeno”, mi niña. Allí quedan, mi madre, mis hermanos, mi familia que amo y mis amigos; allí están las novias y las mujeres que me hicieron feliz, los amigos con los que me di trompadas en la adolescencia y luego bebimos hasta el amanecer en una plaza pública, la gente a la que temí y los que me hicieron reír, un país cargado de belleza. Como has de suponer, con cosas tan lindas uno es capaz de cargar toda la vida y para eso no importan las geografías.
Tengo la apurada impresión de que no volveré más nunca y eso puede parecer duro, pero yo no creo ni en las patrias ni en los nacionalismos de alfiler. Creo en la gente en necesidad, no en conceptos geopolíticos.







sábado, 10 de febrero de 2018

El Viejo negocio de los Castros en Angola

Foto tomada de Havanaluanda.

Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Hace algunos meses Angola rechazó el servicio de 189 colaboradores médicos cubanos, hecho insólito en los más de cincuenta años de buenas relaciones entre el país africano y el Sistema cubano. Las causas del rechazo aun no han sido bien explicadas, pero podrían estar relacionadas con el pago a los galenos. Las relaciones de Cuba con Angola tuvieron su momento más significativo en la década del setenta cuando el presidente Agustino Neto solicitó a la Isla caribeña ayuda para entrenar y capacitar a las tropas angolanas que se debatían en una contienda civil sumergida en el contexto de la Guerra fría. Fue en el año 1975 cuando Fidel Castro ordenó el inicio de la ‘Operación Carlota’, en la que se verían involucrados durante los 16 años siguientes hasta mayo de 1991, unos 377 mil soldados cubanos y ya desde entonces unos 42 510 colaboradores civiles.
El conflicto ajeno costó mucho al pueblo de Cuba, en especial por la pérdida de vidas jóvenes. El Servicio Militar de carácter obligatorio fue cantera fácil para la conflagración, muchos de los que participaron en la guerra de Angola eran reclutas, adolescentes que no pudieron dar voto a su destino, un número de ellos fue a un viaje sin retorno. Según las cifras oficiales el total de muertos se aproximó a los 2085, incluyendo a 204 civiles, de ellos médicos, paramédicos, maestros y otros. Entre las causas estaban las muertes en combate y las más frecuentes por accidentes, por deficiente entrenamiento, por enfermedades y por suicidios. Las causas de las muertes y el momento de notificar a los familiares de las víctimas en la Isla eran manejados por el régimen castrista.
La Plataforma digital Cuba Archivo (www.cubaarchive.org) posee en sus registros algunos casos en los que nunca se le comunicó a los parientes de los muertos el motivo del deceso, o se tergiversó el verdadero; como el del joven de veinticuatro años Julio Guerra, quien se graduó de la escuela de vuelos en Krasnador, antigua Unión Soviética y que fuera enviado a la guerra en Angola para volar aviones MI6-23BN, para los que tenía poco entrenamiento; desapareció en la selva en 1987, según el testimonio de un pariente, su familia nunca recibió explicaciones acerca de lo sucedido al joven combatiente; o el caso de Raúl Quiala Castañeda, igualmente registrado en la Base de datos del mencionado portal, quien aún no había aprendido a realizar vuelos nocturnos, pero recibió la orden de su superior de salir de noche desde el aeródromo de Luena para bombardear en cualquier parte de la vecindad de Luanda donde viera algún fuego encendido que indicara la presencia de campamentos de la UNITA, el joven soldado se estrelló y murió, a los familiares se les notificó que había muerto heroicamente en combate.
Pero, en todos estos años de ‘discurso internacionalista’, de ‘cooperación’ y de ‘ayuda desinteresada’ del castrismo hay también mucho dinero que contar, una buena parte ha engrosado las arcas del regimen, que lo emplea en cantidades significativas para el sostenimiento de sus cuerpos represivos, sobre todo para la represión a los grupos opositores dentro de la Isla, en múltiples acciones de contrainteligencia dentro y fuera del país y en el fortalecimiento de su propaganda ideológica. Por otro lado detrás del telón de aparente humanidad está el saldo humano, la pérdida de las vidas de miles de cubanos y la privación a la Isla de un cuantioso número de sus profesionales en diversos renglones como el de la salud. La colaboración médica cubana en el extranjero ha sido denominada por muchos como el ‘negocio redondo del castrismo’ y Cuba entera ha sufrido las consecuencias de este negocio.
Resulta complejo determinar con exactitud cuánto recibe el gobierno cubano por cada médico que cumple misión, según un artículo publicado por el doctor Eloy A. González en el blog ‘Cuba, democracia y vida’, “Las cantidades a recibir pueden variar de unos a otros países.” Y dice además al respecto el galeno: “Recibir pagos por los servicios de salud que los profesionales cubanos ofrecen en el exterior no es cuestionable, lo cuestionable es como se dividen los beneficios; esto es entre el gobierno y sus instituciones, y el médico. La diferencia de las sumas es lo bochornoso. Es una forma de explotación del profesional que siempre es considerado un ‘medio básico’ del estado cubano.” Paralelo a esto los habitantes del país carecen de especialistas y técnicos e incuestionablemente las unidades de atención a la salud se desmoronan, provocando creciente descontento en la población cubana.
Algunos medios como Martí Noticias, han tocado el tema del intercambio de médicos por petróleo entre Cuba y Angola. Este intercambio pudiera convertirse en un importante suministro del crudo a la Isla una vez que Venezuela ha rebajado su cuota y que la situación en el país suramericano se complica. Martí Noticias ha presentado también declaraciones anónimas de un funcionario del Ministerio de Salud Pública de Cuba que explica: “Lo de Angola, es una modalidad diferente, no es intercambiar el servicio de los médicos como médicos, sino como docentes. Viajan para impartir clases, no para atender pacientes, y según pronóstico, esto se convertirá en la actividad económica más provechosa de Cuba, por encima del turismo y las remesas familiares. Estamos hablando de un envío masivo de médicos y de otros profesionales del sector de la salud, como parte de un acuerdo de intercambio que asegura precios preferenciales de crudo.” Nada más cierto que, en todas sus batallas por la supervivencia, el regimen de la Isla ha sacado buenas ganancias a costa del pueblo.

Los cubanos de hoy ya casi no hablan de la contienda de Angola. La ‘Operación Carlota’ se ha convertido en uno de esos balbuceos del sistema castrista para intentar avivar una ideología que sucumbe. Los muertos de aquella guerra, no obstante, están ahí convertidos en cifras innegables. Raúl Castro continúa exportando milicias y personal civil, estos últimos como esclavos modernos, como ‘medios básicos’, mercancía y fuente de provechos. De vez en cuando muere algún cubano reclutado en tierras ajenas, como con los muertos en la Guerra de Angola, solo el régimen controla las causas de la muerte y el notificarlo a sus familiares y a la opinión pública. Los enrolados en las misiones internacionalistas buscan devengar un salario un poco más alto que el que recibirían si se quedaran sirviendo en suelo natal, salario ridículo en cualquiera de los dos casos. Aun no se ha precisado el motivo del rechazo de Angola a este grupo  de médicos ‘colaboradores’, sería interesante saber cuánto paga el gobierno angolano por la ‘solidaridad internacionalista’ que le brinda Raúl Castro a través de los profesionales de las batas blancas, lo que reciben los galenos por su trabajo, ya se sabe es solo una injusta migaja. 

jueves, 8 de febrero de 2018

La cosa indefinida

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Los cubanos en la Isla tienen más de una respuesta para la pregunta: ¿Cómo está la cosa? Se suele contestar con estas variantes: -La cosa está que arde, la  cosa está en candela, la cosa está mala, se jodió la cosa, la cosa está chivá.  Pero la “cosa” no tiene definición explícita. ¿Qué es la cosa? Tal vez todos saben, pero prefieren no entrar en el plano de las definiciones. Hasta es prohibido hablar de ella en algunos lugares, en peluquerías y otros negocios particulares cuelgan carteles que advierten: "prohibido hablar de la cosa". Parece una broma, pero en una ocasión mientras hacía cola para cortarme el pelo, recibí una llamada de una emisora para una entrevista, parece que hablé de la misma “cosa” que prohibía el establecimiento porque cuando terminé el peluquero se me acercó con cara de espanto y me dijo: oye niña, no vuelvas a hablar de esa "cosa" aquí adentro que me vas a meter en lío. Fresca como una lechuga, me levanté y me fui dejando detrás de mí al don tijeras con la boca abierta, días después me tropecé con él en la calle, se me acercó para pedirme que hiciera algo por un joven que estaba preso por intento de salida  ilegal y que querían vincularlo con el tráfico humano, no sin hacer el paréntesis: pero tú sabes, cuando hagas la denuncia me dejas fuera de esa “cosa”, que imagínate pierdo mi trabajito y la “cosa” está que arde. Lo reiterativo del uso de esa palabra tan ambigua, nos deja medir los niveles de miedo y desidia de los cubanos. Mejor no definir, no enfrentar la causa de la desgracia, no mirar a los ojos de la problemática, no perder tiempo ni energías en combatir el problema y diseñar soluciones… Sshh no hables de la “cosa”, no me obligues a darle un nombre porque eso implica enfocarla, esa es la actitud de millones.

Lo cierto es que la cosa está cada vez peor en Cuba, solo especulaciones se hacen acerca del futuro inmediato: ¿quién asumirá el mando de la cosa en abril de 2018? Y ahí se lanzan las ideas: Díaz Canel, Alejandro Castro, alguno de los cinco espías, Mariela Castro y no sé si hayan otros etcéteras. ¿Cuál de ellos es la mejor opción para el futuro en gris verdeolivo de la Isla? Algunos se han atrevido a apostar por Díaz Canel, argumentan desde la nada que este podría hacer cambios encaminados a la democracia, muchos hasta fantasean con que Miguelito es una especie de "Yo Claudio" que se hace el que ni pinta ni da color, o sea el muerto, solo para garantizar la toma del poder y luego ejecutar cambios para la apertura democrática. Una Cuba al fin sin un Castro en la silla dictatorial, repiten. Entonces es cuando yo me río de la cosa boba de algunos cubanos, miren que creer que ese huevo culeco no apestará al abrirse. El futuro de Cuba seguirá siendo la misma porquería castrista mientras los cubanos no se atrevan a enfrentar la "cosa" con todas las que lleva, hace falta mucha convocatoria y “pá la calle”, y yo sé bien lo duro que es activar a ese pueblo adormecido, que chapoletea en su propia desgracia o escapa de ella para no encararla, pero solo activando a los millones se puede lograr el cambio verdadero, esos millones son imprescindibles; cierto es que sin organización y diseño de campañas aglutinadoras y propuestas claras para derrocar la tiranía, para la transición y para la Cuba posterior, estamos flojos como oposición, que eso ayudaría incluso con la visión de la comunidad internacional sobre la lucha y su reconocimiento y respaldo a los que se oponen.  Un exilio unido dispuesto a apoyar a los de adentro, no nos vendría mal tampoco. Unidad en nuestro enfoque, eso se necesita, poner los ojos en el blanco de manera correcta es lo único que asegura la calidad del tiro; pero hay mucho desenfoque en nuestro lado, a veces solo nos define el hecho de ser anticastristas, se nos hace acuciante trabajar alineados. Nada ganamos lanzándonos dardos o entretenidos en fajazones entre nosotros,  mientras  en Cuba Castro sigue a sus anchas planificando como estirar la "cosa" indefinidamente.
No sé quién será el que sigue después de Raúl, no me dedico a especular  sobre un asunto que no es en definitiva la solución de nuestro problema, si no más bien su prolongación. El que sustituya al tirano actual ya está escogido al dedillo y si no es del clan Castro, es una marioneta que para el caso de la "cosa" es lo mismo. El régimen no cambiará con Díaz Canel, eso es el gran pantallazo de Raúl Castro. Seguirá siendo el partido comunista el rector político absoluto del país, Castro y sus versiones más jóvenes son y serán los dueños de la finca como hasta ahora, pero sí quisiera enforcarme, aunada a los que piensan en la libretad de Cuba con seriedad, honestidad y en todos los sentidos, en  lograr que la mayoría de los cubanos indefinidos de la Isla se decidan a poner nombre a la "cosa" para exterminarla.

Y así las cosas en una Cuba que sigue bajo la "cosa", y esa "cosa", y aquí valen las reiteraciones, tiene un nombre caballeros: Castro comunismo, que cada día le pone más malo el “picao” a los cubanos. Obremos bien para que la tortilla se dé vueltas y sean los cubanos los que le pongan  malo el “picao” al dictador. ¿Qué falta para lograr que todos se enfoquen en eliminar lo “jodío” de la situación? Unidad, definición y enfoque. Y por nuestras características bien está decir que para trabajar juntos se necesitan más pantalones que para enfrentar a la tiranía, ajustemos bien nuestros cinturones entonces.

miércoles, 7 de febrero de 2018

BONHOEFFER: EL PRECIO DE VIVIR LA GRACIA

Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Finalizando la década del treinta e iniciando la del cuarenta del siglo XX, la historia comenzó a transitar por senderos oscuros. La sombra del fascismo alemán se cernía sobre Europa, amenazando ocupar el resto del mundo. Eran tiempos en los que los buenos hombres tenían que decidir si hacer frente al monstruo del fascismo o quedar en total mutismo ante la depravación de uno de los regímenes más deplorables y angustiosos de los que la humanidad tenga memoria. La iglesia cristiana se veía inmersa en una etapa de renovación eclesiástica y tenía también sobre sí la responsabilidad moral y espiritual de condenar al anticristo o quedar marcada para el futuro como ramera y cómplice de la tiranía alemana.
Como en todos los períodos oscuros de la historia, muchos hijos de Dios se dispusieron a la lucha contra el mal, con independencia de si las instituciones, cleros, congregaciones o denominaciones religiosas estuvieran o no de acuerdo; hijos de Dios que adoptaron el nombre de cristianos, haciendo a un lado los calificativos humanos que solo han servido para dividir o mutilar el cuerpo de Cristo. Así muchos católicos y protestantes, formaron una iglesia visible solo para Dios, una que abrió las pesadas puertas de los templos para llevar la palabra viva, a las convulsas calles, a las cárceles infernales, a los oprobiosos campos de concentración.
Dietrich Bonhoeffer fue uno de esos creyentes, uno de esos buenos hombres que optaron por no callar, que rechazaron el mutismo. Teólogo, graduado en la Universidad de Berlín y en el Union Theological Seminary de Nueva York, director del seminario de la iglesia confesante en Finkenwalde. Pudo quedarse en los Estados Unidos a donde viajara en junio de 1939 para impartir un curso, pero la proximidad de la guerra le hace tomar la decisión de volver a Alemania en agosto de ese mismo año. Jesús no escapó de su compromiso de morir, cumplió con determinación la voluntad de Dios en su vida; como en una especie de analogía, Dietrich tampoco abandona su carga, caminó en sentido contrario a la escapada y enfrentó el peligro, el riesgo, la existencia tormentosa. La vida del creyente genuino debe transcurrir en perfecta simetría con la de su Señor, vivir este paralelismo cuesta, pero es la única forma de llenarnos a rebozar del Espíritu de vida, solo así se adquiere la grandeza y la transparencia que caracterizaron la existencia del teólogo alemán.
Vivir la gracia como la vivió Bonhoeffer en tiempos desoladores y turbios, tiene un alto costo. Vivirla plenamente cuesta caro, la propia vida: “Sobre todo la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo… y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros… La gracia cara es la encarnación de Dios.” La gracia liberadora nos llama al seguimiento; Pedro escuchó la voz de la gracia y decidió seguir a Jesús, esa misma voz llamó a Dietrich, esa misma palabra viva le conminó a seguir las pisadas del maestro, a creerle, a obedecerle, a seguir “al Cristo rechazado en el dolor (…). La muerte de cruz significa sufrir y morir rechazado, despreciado…” La iglesia cristiana, los seguidores de Jesús, vivirán fuertemente vinculados al sufrimiento, al rechazo, no hay otra forma de vivir en consecuencia con el Supremo líder, cada cual con su cruz, con la que Dios ha dispuesto, solo la mirada en Jesús ayuda a soportar el peso de la cruz, a llevarla de la misma forma en que él la llevó hasta el Calvario.
La cruz de Bonhoeffer fue el nacional socialismo alemán, el mal de su tiempo, el anticristo de su época. Seguir la corriente o permanecer lejos de la boca del lobo hubiera sido sencillo y le habría garantizado unos cuantos años más de vida; pero él optó por tomar su cruz, como única posesión: la cruz. Cristo tomó la carga y la llevó hasta la misma muerte, abofeteó a los poderes adversarios, derrotó poderosamente a su principal enemigo: el diablo, exterminó el pecado consumidor, la vanidad humana quedó al desnudo ante tanta pureza, entereza y obediencia.
La iglesia que no sufre, que aspira solo a los bienes de este mundo, siendo ciudadana y coheredera de otro, es una iglesia que adopta para sí “la gracia barata”, que rechaza su cruz por las futilidades de la vida. Una iglesia merecedora de su Señor, es la que lleva implícito el sufrimiento, que no se ata a las posesiones materiales, ni aspira vivir en la abundancia y la despreocupación, la iglesia de Cristo no teme a los hombres, ni a sus poderes, su objetivo supremo es reconocer en sí misma el precio de la gracia, del sacrificio, del dolor, del peso de la cruz de su Señor.
La predicación de Dietrich Bonhoeffer ha sido asimilada, apreciada y admirada por muchos, también ha tenido un considerable número de detractores; no obstante su teología tiene un fuerte basamento bíblico y es además la muestra o el resultado de una vida en profundo contacto con Dios, aún en medio de las más fuertes tribulaciones. La espiritualidad de Bonhoeffer me ayuda a comprender los difíciles caminos que la existencia misma nos va trazando, y que la aspiración del creyente debe ser siempre la de procurar la justicia y estar alejado del mal en todas sus expresiones. Caminar por la recta de los justos puede traer como consecuencia que en un punto del camino choquemos con los intereses de las autoridades humanas, pero el cuerpo de Cristo no debe apartarse de la recta, ni desviar el rumbo, solo ofrecer obediencia al único poder al que se la debe.
La iglesia cristiana existe, no por voluntad de los reyes de la tierra, sino por la voluntad del Rey de reyes y Señor de señores. Ella es su cuerpo y él la sustenta, ella es su esposa, la que le espera ataviada de hermosas vestiduras sin manchas, ni arrugas; la que grita a la par del Espíritu: Ven Señor Jesús (Ap. 22:17, vers. RV 1960). Esta es la principal razón por la que la iglesia cristiana solo debe someterse y regirse a aquel que es su cabeza, hacer el bien y solo el bien, ya sea que esto le proporcione elogios por parte de los hombres o por el contrario le acarree críticas, escarnio y sufrimiento: “El error de la autoridad no puede así atentar contra su conciencia (de la iglesia). Permanece libre y sin temor…” “Lo que importa es que no se cometa el mal en la iglesia cristiana. Repitámoslo: esta frase se dirige a los cristianos y no a la autoridad. Lo importante para Pablo es que los cristianos se mantengan firmes en el arrepentimiento y en la obediencia en cualquier lugar donde se encuentren, cualesquiera que sean los conflictos que puedan amenazarlos, y no el que una autoridad mundana sea justificada o rechazada. Ninguna autoridad puede sacar de estas palabras una justificación de su existencia. Mas bien, si en cierta ocasión esta palabra se dirige realmente a una autoridad, será para llamarla al arrepentimiento, igual que llama aquí a la iglesia a arrepentirse”.
Bonhoeffer se refiere a la porción de la Epístola de Pablo a los Romanos (Rom. 13: 1-7, VRV 1960). Su interpretación del texto molestó y aún molesta a muchos, especialmente a los poderosos de su tiempo; por pensar de esta manera fue encarcelado, enjuiciado y poco antes de la caída del fascismo, ahorcado. El texto tan manido por los poderosos para chantajear a los creyentes y utilizar la Palabra de Dios dicha a través del Apóstol para sus propias conveniencias mundanas, incluye también una condición para las autoridades, que pocas veces, estas mencionan, en especial si son dictatoriales y autoritarias: “porque es servidor de Dios para tu bien” (Rom. 13:4). Imposible creer que el fascismo en sus diversas caras, Hitler, Mussolini, Franco, etc., representaran o pudieran representar a Dios, o al bien entre los hombres; como es también indiscutible que ningún régimen totalitario representa el bien, porque a estas formas de gobierno o autoridad humana las caracteriza el endiosamiento, el amor desmedido al poder, el egocentrismo, el absolutismo, el ser tiranías que niegan y sustraen la libertad genuina de los pueblos. Todo esto y más, vio Dietrich en el rostro del nazismo alemán, representado en la siniestra figura de Adolfo Hitler. La recta que como cristiano seguía, se cruzó en un punto con la maldad del poder humano y diabólico, pero Dietrich prosiguió, llevando el peso de su cruz, sintiendo el precio de la gracia, sin titubear, sometiéndose solo al poder al que debía obediencia.
Como en aquellos tiempos, la iglesia cristiana hoy debe retomar esta pregunta: ¿a quién estoy sirviendo, al Rey de reyes o a los reyes de este mundo? ¿Cuál es mi meta, vivir el caro precio de la gracia que a mí nada me ha costado, pero que para Dios tuvo un altísimo costo, o conformarme a este siglo y vivir mundanamente, colocando los intereses personales o institucionales, antes que los intereses del Reino? Seguir a Jesús debe causarnos dolor y este dolor debe darnos gozo. Desde los mismos días en que el Salvador llevó a cabo su ministerio en la tierra y luego dio su vida, desplazando para ello a los poderes humano y satánico, desde los tiempos apostólicos y de los primeros mártires del cristianismo, desde todos los tiempos en que las manos sanguinarias de gobiernos nefastos se han manchado con la sangre de cristianos inocentes, tiempos funestos como los que vivió Dietrich Bonhoeffer y aún en esta nueva era donde la persecución a la iglesia puede ser más sutil, y donde el peligro mayor radica en que el cuerpo de Cristo deje de vivir bajo el control de su cabeza para doblegarse a otros poderes, el sufrimiento y no los placeres mundanales, han marcado la diferencia para el pueblo de Dios, un pueblo que conoce a su Señor y al cual su Pastor conoce, ese es un pueblo invisible, que solo Dios mismo ve, esa será la iglesia de las bodas del Cordero, la que hoy llora por la injusticias y los desmanes de este mundo, pero que mañana recibirá el galardón glorioso, la entrada triunfal a la Nueva Jerusalén. Como bien dijera Dietrich a su verdugo minutos antes de morir: “Ahora es que mi vida comienza”
En la galería de Mártires del siglo 20 en la abadía de Westminster, el pastor Dietrich Bonhoeffer, el último por la derecha. (foto tomada de http://centroconvivencia.org ). Artículo publicado el 15 de agosto de 2012 en Convivencia.

No me mataron



Recalco que estoy viva, latiendo de todo corazón “en medio de tantos muertos”, que “soy sobreviviente de la guerra”, que la guerra no termina y que las cicatrices están y sangran todavía. Recalco, que he cambiado, “como todo cambia”, que antes era sol y ahora soy luna, más fria. Recalco, que no me olvido de los que me ayudaron en todo mi camino, que trato de olvidarme de los que me empujaron, los enemigos de la guerra, de la que sobrevivo todavía. Recalco, que soy buena y mala, mezcla de esos “dos materiales” pero que aun me asombra la depravación de mis enemigos en la guerra, que tengo solo mi fe dentro del saco, que vivo por mi fe, y recalco que tengo el Corazón que palpita todavía. Recalco, aunque ustedes quieran que me calle, aunque insistan en retorcerme las heridas, no he dejado de mirar “al fondo de esos ojos claros”, ni de caminar, aunque a veces no conozca el rumbo, ni tenga brújula, ni estrellas, y no sepa a donde lleva este camino, pero tengo mi fe dentro del saco, todavía. Recalco, que sí puedo llorar -los muertos nunca lloran- y que tengo hombros para cargar con el llanto de unos cuantos y recalco -sí- “que el llanto de esos cuantos es también mi propio llanto” y que canto todavía. Recalco y me confieso, que soy una mujer que camina con su saco, sobrevivo a la guerra y camino por encima de los muertos, los míos y los de ellos, pero camino, todavía.